Isobair sonrió cuando varias mujeres se asomaron tras la ventana de sus casas cobijando a sus hijos en sus regazos. Se oyeron otros tantos gritos de alarma al ver que al anciano no respondía y que uno de los hombres estaba enfadándose, con los gritos, también se oyeron las baldas que pusieron tras las puertas para impedirles el paso si pensaban asaltarles. Volvió la vista hacia los hombres que le acompañaban, su hermano estaba enfadado, mientras que Ruther esperaba impaciente que alguien diera una contestación. - Preparamos buena entrada- rompió el silencio sonriendo mientras se quitaba el casco para dejar que su dorado pelo cayera a su espalda. - ...