Isemay 40.12
Durante toda la mañana Osmar y el niño estuvieron de un lado para otro, Uwuain se les unió a mitad de la mañana, cuando las fuerzas y energías de Osmar empezaban a flaquear, su hijo era incansable, habían recorrido las cuadras, dado de comer a los caballos, cepillado al de Osmar, y salido a montar a caballo, después habían ido a ver los jardines, y Olaft le había enseñado cada uno de los juguetes que había traído con él. Habían parado a comer algo a media mañana, peleado con espadas de madera, un juego en el que Osmar se había hecho el herido más de una vez, para que su hijo le reconfortara con un beso. Habían jugado al escondite con las hijas del rey, también habían visitado al herrero y a sus hombres para que todos conocieran a su hijo, y ya llegaban tarde para la hora de comer. Uwuain corría detrás de él, mientras Osmar los observaba agotado, se preguntaba como soportaría Isemay la misma rutina un día tras otro. Llegaban a las fuentes del jardín, cuando Olaft salió corriendo...