Pero los días fueron pasando y ella no encontraba la manera de decírselo, y así un mes y dos, hasta que se encontró en la situación que estaba viviendo ahora, siete meses después, se encontraba de pie, frente a su coche, viéndole marchar en dirección contraria después de haberle llamado a gritos desde el lugar donde se encontraba parada. Una sola mirada le había bastado para decidirse y caminar en sentido contrario al que ella se encontraba. Y otra vez, con las lágrimas derramándose por sus mejillas y el vientre abultado, por un bebé que iba a ser de ambos, se montó en el coche, dispuesta a marcharse, pero, si había llegado hasta allí, llegaría hasta el final, ella no podía ser tan egoísta como para negarle el derecho de saber que iba a ser padre. No pensaba correr detrás de él, y tampoco pensaba perseguirle con el coche hasta hacérselo saber, así que opto, por dejarle lo único que ella siempre llevaba consigo, la ecografía de su bebe, y allí, sujeta en la puerta de su ...