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Premio de Begoña

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Y nuestra querida Begoña me deja otro regalito... Supongo que yo solo debo decir, de quien viene, que es del blog de Adebul Extea, 8 . Y elegir otros cinco blogs a los que dárselos, pero bueno, como este premio es doble y ya lo recibí hace tiempo y no queriendo repetir blogs, os lo regalo a todos aquellos que no lo tenéis. Un besazo.

La princesa 11

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El caballero se quedó intrigado con esta respuesta y se acercó a la aparición, alargó una mano y le tocó la mejilla. Creía que atravesaría el aire pero no, era sólida y estaba caliente, ahora más, con su toque. - ¿ Qué eres tú?- Balbuceó él. La chica le cogió la mano entre las dos suyas, unas manos calientes, pequeñas pero fuertes. - Soy una Princesa. Acabé con tus agresores, nadie caza sin mi permiso en mis tierras y menos, se pone a robar ante mis narices a los viajeros. Creo, que, ya nadie te hará daño. 

Fondo regalo para Begoña

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El otro día visitando el blog de Begoña, que hablaba sobre la creación de una casa de muñecas, me puse a pensar, un fondo que estuviera bonito para representar lo que ella colgaba. Al principio, me planteé hacerle el fondo como si fuera una casa de muñecas, pero después pensé, que se iba a saturar mucho, y pensé en Begoña, ella es sencilla, y siempre da un toque de la alegría de la primavera cuando la leemos, así que, eso he querido plasmar en el fondo, además de que ella es una mujer, como yo lo llamaría, que se viste por los pies... Begoña, espero que te guste, ya sabes que en la pestaña de arriba donde pone fondos, encontrarás el enlace para ponerlo en tu blog, sino sabes como hacerlo. Un besazo. El fondo: El código para insertarlo:

La princesa 10

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  - Toda mi vida busqué la justicia, cumplir con mi deber, cuando comprendí que no lo era todo, muero y con mi muerte, comprendo al fin qué era lo que me faltaba, qué era lo que me hacía sentir vacío al no tenerlo. - ¿ Y eso qué es guerrero?- Dijo la chica, la bella chica, la visión del caballero. - En mi interior, sin saberlo, siempre quise algo como lo que ahora me es revelado en la muerte. Ese algo eres tú. Maldito destino, cómo juega con los mortales- Se lamentó el caballero. - Ah, ¿ Estás muerto?- Dijo la aparición- Yo te veo muy vivo, y por cierto, deberías taparte un poco, una no es de piedra, sonrió subiéndole las mantas. 

La princesa 9

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Y unos días después, o tal vez unas horas, o simplemente unos minutos, el guerrero abrió los ojos de nuevo, y esta vez cuando despertó, se sentía fuerte. - Para estar muerto, me siento bastante bien- se dijo más para si, que para algún posible presente- Y creía que estándolo no dolía nada- se tocó el pecho a duras penas- ufffff, cómo me duele el pecho. - Eres un quejica, forastero- Dijo una voz- En mi vida he visto a alguien tan quejica, supongo que será normal en las tierras bárbaras que vives. El caballero dirigió su mirada hacia la voz y pensó que qué pena haber muerto, ahora su vida podría haber tenido sentido al fin. 

La princesa 8

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Y unos días después, o tal vez unas horas, o simplemente unos minutos, el caballero abrió los ojos de nuevo. - Qué raro, se dice que en el infierno hay diablas y lo que veo parece un ángel.     La visión le rozó los labios con algo dulce y el guerrero descansó.  Y volvió a soñar, pero esta vez, sintió unas manos suaves recorriendo su costado, mientras seguramente le tocaban con dulzura la carne magulla, o tal vez no tanta dulzura, porque le escocía a rabiar un líquido que vertían sobre sus heridas, como si cien espadas le traspasaran allí, donde más le dolía. 

La princesa 7

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El caballero cayó. Los arqueros, satisfechos, se fueron acercando a su víctima, para robar lo poco que tuviese. Pero, cayeron casi al mismo tiempo, certeramente, una flecha para cada uno, una flecha azul. Unos días después, o tal vez unas horas, o simplemente unos minutos, el caballero abrió los ojos. - Qué raro, se dice que el infierno está caliente y yo tengo mucho frío. Una sombra le mojó los labios con algo amargo y el caballero se volvió a dormir. Y soñó, soñó que la sombra le tapaba con algo caliente, que le susurraba palabras de aliento, dulces y agradables, o tal vez no tan dulces, porque pareció oír que le decían sin mucho miramiento que debería quedarse quieto, y sonrió para si, hasta en el infierno estaba haciéndoselas ver al diablo.