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Mostrando entradas de mayo 1, 2012

Isemay- Parte 33.14 MUERTO

Al segundo día se acercaron hasta el río, Osmar sabía que era peligroso para todos, pero los hombres no le atacarían estando con ella, aunque eso solo podía durar varios días. Sabía que ya les observaban de cerca, y que si permanecía mucho tiempo con su familia, acabarían matándolos a todos. -¿Es seguro ir hasta el río?- le preguntó nerviosa mientras bañaba a su hijo. -No te preocupes por nada, de acuerdo, estoy contigo, yo me ocupo de todo- la contestó mientras les observaba. -¿Me estas mintiendo?- le preguntó mientras le tendía a Olaft para que le arropara. -Isemay- la regañó ante la desconfianza. -No quiero más mentiras Osmar, se acabó, sé que nos siguen aún, no me has engañado en todo este tiempo, ¿Cuánto ofrecen por tu cabeza? -Son cosas de hombres, tú no debes preocuparte. -Si debo hacerlo cuando es a mi esposo al que piensan quitarme- se plantó de pie enfadada- Podrías enfrentarte a un ejército pero no a la verdad, ¿No es cierto? -Me enfrento a la verdad cada día, pero no quiero hablar…

Relato: La Paloma Taroma

La Paloma Taroma
Los animales del bosque siempre estaban peleando y la Paloma Taroma siempre tenía que calmarles. Tanto se peleaban que hicieron un trato, se tratarían bien unos a otros, y así en el bosque reinaría la paz.
        Los animales vivían muy felices, pero un día, pasaron por allí un montón de leones. Como toda la zona del bosque estaba muy bonita, los leones decidieron quedarse allí.
        Pero los leones eran tan grandes y tan fuertes que los pequeños ratoncitos, los pájaros del cielo, las hormiguitas, las ardillas… y todos los animales del bosque les tenían mucho miedo.
        Tanto miedo les tenían, que los leones, empezaron a ser cada vez más fuertes, cuando los animalitos cocinaban, les quitaban la comida, juagaban a aplastar sus casa y a dar patadas a los animalitos más pequeños, rompían las cosas del bosque que no les gustaban, y las ramas de los árboles, haciendo que los nidos de los pájaros cayeran al suelo.
        Los animalitos más pequeños se quejaban, y llorab…