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Ya sabéis que por motivos varios el blog permanecerá cerrado y no podré visitaros, sois libres, de quedaros o marcharos, estoy pasando por momentos duros y necesito tiempo para aceptarlos. Iré poniendo de vez en cuando lo que escribo en facebook para desahogarme, me es más sencillo porque se lo dicto al móvil, pero mentiría si os dijera que puedo entrar a vuestros blogs a leer todo lo que escribís, y entrar a dejar un comentario absurdo y sin sentido, me parece una falta de respeto.

Gracias por comprender, gracias por estar a mi lado todo este tiempo, gracias a los que os quedéis y también, gracias a los que se vayan, podéis buscarme en facebook por mi nombre, si queréis hablar conmigo, y también por el nombre del blog, tengo una página en la que me llegarán vuestros mensajes directos.

25 de abril de 2012

Los árboles ya tienen un sitio donde vivir.

Y otro de mis relatillos para el colegio, ya entenderéis para que época del año es, y cual es el mensajillo oculto. Un besazo a todos.




“Había una vez en el bosque, un joven árbol, cuyo único deseo era crecer y hacerse grande, como los demás árboles, e iba creciendo año tras año, pero como era muy impaciente, nunca le parecía bastante.
De vez en cuando llegaban al bosque unos hombres con grandes hachas, que cortaban los árboles altos y bonitos, haciéndoles caer al suelo, con un gran ruido.
Ya en el suelo, les cortaban las ramas y les montaban encima de un gran camión.
-    ¿Dónde los llevarán?- Preguntaba el joven arbolito- ¿Qué harán con ellos?
En el bosque nadie sabía responderle, pero a veces, las golondrinas, grandes viajeras que van por todo el mundo, traían noticias de un árbol que había viajado a la ciudad para convertirse en una farola.
-    Ojala yo tuviera esa suerte- pensaba el arbolito- Asó podría ver toda la ciudad y hablar con la gente.
Otros árboles, eran arrancados enteros, con raíces y todo, y cargados en los camiones con mucho cuidado, sin que se estropeara ni una sola rama, y los gorriones, decían, que los volvían a plantar en bonitos salones iluminados y cubiertos de adornos, y que los niños, muy contentos, hacían una fiesta alrededor de ellos.
-    Ojala tuviera yo esa suerte- pensaba el arbolito.
Pero a ninguno de los árboles que deseaban que los llevaran a otros lugares, se le ocurría pensar, que pasaba con los árboles después de que pasaran esas fiestas.
Pasó otro año, y el arbolito se hizo un poco más alto. Llegaron los leñadores a coger los árboles altos y bonitos, pero a él, volvieron a dejarlo en el bosque.
Llegaron otros leñadores, y esta vez, lo eligieron a él. ¡Que contento se puso!
Pero el arbolito no esperaba que le hicieran tanto daño cuando le separaron del suelo, y lloró, y lloró, hasta que se desmayó.
Volvió a despertarse, cuando sintió que lo tocaban y movían por todas partes.
Abrió los ojos, y vio que estaba en una inmensa plaza, junto a otros muchos árboles apoyados contra una pared. Oyó a lo lejos una voz de mujer que decía.
-    Es muy bonito, me lo llevó.
Dos hombres, lo cogieron y lo llevaron a un magnífico salón, donde todo era hermoso y muy valioso. Lo pusieron en un gran tiesto recubierto de tela blanca, y lo adornaron con bolitas rojas, lo regaron y lo cuidaron con mucho cariño, y el joven arbolito, decía todo el tiempo:
-    Que suerte he tenido, me han llevado a un lugar muy importante.
Una mañana, alrededor del arbolito, empezó una gran fiesta. Habían venido los Reyes Magos, y trajeron grandes cajas envueltas en papel de regalo. Los niños y los papás de la casa, corrían alrededor de él, abriendo los paquetes.
El joven arbolito, pensó que jamás olvidaría ese día, aunque eso, solo duro unos minutos, porque, en cuanto los niños abrieron los regalos, se fueron a jugar con ellos, y el arbolito se quedó solo.
Se acordaron de él, días después, los jardineros, que fueron a buscarlo y lo llevaron fuera de la casa, donde lo plantaron junto a una valla.
Allí olvidado, vió a los demás árboles y deseo hacerse grande y bello.
Los pajaritos al verle tan solo, iban a consolarlo y a hacerle compañía de vez en cuando.
El arbolito, les contaba a todos la maravillosa historia de su vida, y lo feliz que había sido en la fiesta de Navidad. Pero los ratoncillos, los pájaros y los demás animales, no se quedaban con él mucho tiempo, por lo que volvía a sentirse solo.

El joven arbolito, empezó a echar de menos su casa, y el bosque, y pensó, que podían haberlo dejado allí, donde se hubiera echo grande y fuerte, y hubiera estado siempre acompañado de amigos.”

2 comentarios:

EldanY dalmaden dijo...

Pobre arbolito, no debieron sacarlo de su familia de árboles.
Grr profe

Tamara dijo...

Pues no Dany, es injusto que los hagan sufrir por nada... Un besazo.

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