Isemay- Parte 3.5 VIVO

Lord Wilde, por el contrario, se había nombrado su protector, cuidándola de los moscones que siempre se la acercaban en las fiestas, acompañándola a todos los eventos para que no estuviera sola y acallando las habladurías de su matrimonio, siempre con una sonrisa, o un abrazo en el momento que la joven lo necesitaba. Aferrando su mano en los momentos duros, y cobijándola bajo su paraguas cuando el cielo amenazaba con tormenta de habladurías.
Durante un tiempo, Isemay sabía que Lord Wilde había intentado ocultarle las relaciones (...) que mantenía su esposo con (...), pero cuando Isemay plantó cara al asunto diciéndole que no le importaba en absoluto las relaciones de su esposo con (...), todo el ambiente cambió y dejó de ocultarla información.
-                            Señorita Isemay- la hablaban los jóvenes en uno de los actos públicos a los que asistió- jamás pensé ver semejante beldad en estos parajes- la sonreían.
-                            Que adulador por su parte, mi lord- sonrió ella a su vez al Duque de Macboud- ¿Qué tal se encuentra su padre?- había cambiado de conversación convenientemente.
-                            Deseando que le presente a la mujer que me ha robado el corazón- la aduló el joven.
-                            Lady Isemay- la había cogido del brazo Lord Wilde, para salvarla de sus pretendientes por enésima vez esa noche.
-                            Tal vez sería mejor que vistiera los colores de Halk, al menos ellos sabrían como tratarme- sonrió a su apuesto acompañante- aunque preferiría utilizar los de Sabell.
-                            Puedes utilizar mis colores, si quieres espantar a esos pretendientes, yo estaría encantado de brindarte mi protección, ya lo sabes- la llevó hasta el carruaje para que entrara.
-                            Sabes que estoy casada- le sonrió- aunque muy a mi pesar- se sentó a su lado en el vehículo- me olvide de despedirme de la señora Timber- recordó de pronto- no entiendo porque tenemos que salir con tanta prisa de las fiestas.
-                            Ya sabes que siempre que llegan las diez, me gusta volver a casa- se había excusado él.

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