Isemay- Parte 8.5 VIVO

-                            No te quites más ropa- volvió a repetirla- es peligroso Isemay.
-                            ¿Esas son las únicas palabras que tienes que decir al reencuentro con tu esposa?- le preguntó- he de decirte que me has decepcionado- se rasgó un trozo de la enagua para envolverle las muñecas con la tela y al acercarse tuvo que ponerse de puntillas para llegar hasta él, con lo que su cuerpo rozó el del joven más cerca de lo que ella pretendía.
-                            No te quites más ropa, deja mis heridas en paz, hazme caso- la pidió comenzando a notar un tremendo calor corporal- Uwuain, díselo tu, estamos atados, y esto esta lleno de hombres.
-                            Cúrale Isemay, es la única opción que tenemos para salir de aquí- fue la orden que le dió su hermano y después guardó silencio dejando que su cuerpo después de todo ese tiempo descansara sin herirse.
-                            ¿Sabes? Creí en todas las leyendas que me contaban de ti, pensaba que de verdad eras invencible.
-                            No todo lo que dicen es cierto- la indicó mientras ella le vendaba ahora los tobillos.
-                            Es verdad, supongo que después de todo, Wilde no es vuestro amigo- se volvió para mirar también a su hermano.
-                            ¿Estuviste con él en la corte?- le preguntó su esposo.
-                            Si, he estado hospedándome en su casa durante estos últimos meses- les explicó.
-                            ¿Y la anciana Aperhild?- la interrogó extrañado de que la mujer hubiera dejado que se la llevara un hombre sin avisarle.
-                            Murió, pero eso ya lo sabías ¿No? Wilde me dijo que te había mandado una carta, aunque yo le pedí que no lo hiciera, me trato muy bien todo este tiempo- agregó al ver la expresión en el rostro de su esposo.
-                            Llevo bastantes meses sin recibir noticias sobre ti- se defendió él, al tiempo.
-                            No sabía ni siquiera que pedías informes sobre mi estado- le confesó- la anciana jamás me lo dijo, sin embargo entiendo que las cartas no iban destinadas a su hija.
-                            Queramos o no, sigues siendo mi esposa- la indicó y con la vista la señaló el dedo anular donde ella llevaba puesta la alianza.
-                            Intenté quitármela- le mintió ella, la verdad es que siempre había tenido miedo de hacerlo, si las habladurías de su esposo no eran suficientes, no sería ella quien provocara más.
-                            Yo también- la hirió él- pero el rey no me dejó.
-                            El rey- rió ella- no me hables de ese personaje- espetó a modo de insultó.
-                            Isemay- la regañó su hermano.
-                            ¿Sabes porque regrese a Sabell?- se volvió para mirarlo- Reinald vino a buscarme, él rey ordenó a Wilde que me violara, creo que quería romper la alianza entre nuestras familias, según Isobair, vuestros ejércitos unidos serían casi tan numerosos como los del rey, y eso no es bueno para él.
-                            Y creía que si ordenaba violarte, ¿No íbamos a unir más nuestras fuerzas contra él?- la preguntó su hermano- es una tontería- descartó la hipótesis.
-                            Osmar no estaría dispuesto, al fin y al cabo su esposa estaría mancillada- se volvió para mirar a su marido y siguió cambiándole el vendaje en silencio.
-                            Jamás he querido hacerte daño- le dijo a modo de disculpa después de un largo rato.
-                            Pero tampoco quisiste intentar quererme- le acusó.

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