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Ya sabéis que por motivos varios el blog permanecerá cerrado y no podré visitaros, sois libres, de quedaros o marcharos, estoy pasando por momentos duros y necesito tiempo para aceptarlos. Iré poniendo de vez en cuando lo que escribo en facebook para desahogarme, me es más sencillo porque se lo dicto al móvil, pero mentiría si os dijera que puedo entrar a vuestros blogs a leer todo lo que escribís, y entrar a dejar un comentario absurdo y sin sentido, me parece una falta de respeto.

Gracias por comprender, gracias por estar a mi lado todo este tiempo, gracias a los que os quedéis y también, gracias a los que se vayan, podéis buscarme en facebook por mi nombre, si queréis hablar conmigo, y también por el nombre del blog, tengo una página en la que me llegarán vuestros mensajes directos.

9 de diciembre de 2012

Luisa

Esta entrada lleva un nombre claro y sencillo, el nombre de mi abuela. La iba a publicar el día 7, pero no se el motivo, mi blog no la publico, así que la publico hoy...

Un día como hoy, hace ya unos cuantos años, mi madre me despertó para darme la mala noticia de que mi abuela se había ido. No puedo describir lo que sentí, y no quiero que sea una entrada triste...

Mi abuela era la mujer más alegre del mundo, recuerdo su sonrisa, cuando iba a verla, y el modo en que pasaba sus manos por mi cara, se grababa mi rostro en las yemas de sus débiles dedos, ya torcidos a causa de su enfermedad.

Mi abuela era diabética, se quedo ciega, y los huesos ya no la sostenían, a penas podía partirse la comida, y bueno, tampoco podía tocarnos bien... Pero ella, ella era la mujer más alegre del mundo.

Recuerdo que siempre andaba haciéndola preguntas, ella me explicaba paciente, porque la pinchaban, el porque de sus torcidos dedos, porque no podía caminar, y yo, me sentaba allí, sobre la alfombra, y la observaba en su viejo sillón, como me iba relatando porque estaba así, siempre paciente, nunca derramaba ni una lágrima... Ella era la mujer más alegre del mundo.

A veces, cuando me portaba bien, abría su caja de galletas, una caja azul y redonda, donde guardaba galletas María, debido a que no veía a veces la caja estaba vacía, pero aun así, siempre me ofrecía, y la guardaba a buen recaudo, cerquita suya.

Para mi abuelo, yo era la niña de sus ojos, estoy segura, de que para mi abuela también, aunque nunca me lo dijo, pero... Ella siempre fue la mujer más alegre del mundo, y a mí me encantaba verla así.

Cuando falleció, recordé las miles de enseñanzas que ella me había dado, lo fuerte y valiente que había sido durante su vida, lo que me amaba...

Ella adoraba unos pequeños angelitos de la guarda, que tenía sobre el mueble, cerca de ella, siempre mirándola, unos tienen los ojos cerrados, otros abiertos, yo adoraba esos angelitos, ella siempre me los dejaba, creo, que era la única nieta a la que permitía tocarlos, y me sentaba, horas y horas a jugar con ellos sobre la mesa del salón, a pesar de que mis padres no querían que me los dejará.

Era una niña, a veces se me caían y se partían, pues eran de cerámica, pero mi abuela pacientemente, indicaba a mi abuelo que volviera a arreglármelos, al día siguiente, cuando volvía, estaban tan lindos como el día anterior, yo los miraba, sonreía, y volvía a pedírselos.

Desde pequeña, siempre me dijo, que el día que la pasara algo, esos angelitos serían míos, ahora, escribiendo esta entrada, se que ellos me cuidan, los tengo detrás, mirándome, unos los ojos abiertos, otros cerrados, pero mirándome, y se que con ellos, ella esta presente.

Abuela, nunca leerás estas letras, pero... Yo tampoco voy a olvidarte nunca, estas en mí, soy parte de lo que tu me has enseñado.

Mi abuela, siempre fue la mujer más alegre del mundo, a pesar del dolor, de los pinchazos, de la enfermedad... Ella quería vivir, y se ocupó, de que yo aprendiera eso también, tal vez, me di cuenta tarde, pero... Cuando murió, comprendí, que ella por fín estaría descansando y me alegré por esa paz que ella sentiría a partir de ese momento, se que Dios, te tenía un lugar reservado, sufriste mucho, y aun así eras feliz, no creo que haya un ejemplo mejor de superación.

Llega la Navidad, y te extraño, tanto, tanto, que duele, pero... No era justo retenerte por siempre a mi lado y privarte de la felicidad que se, que ahora estas viviendo.

Te amo abuela, cuida del abuelo, sabes que siempre te adoró, y bueno, ponerle a Napo de vez en cuando una barrita de caramelo, le encantaban cuando estaba aquí. Por cierto, dile al tío, que no fue justa su partida, que lo extrañamos mucho, y dile al otro tío, que tendrá un nieto hermoso, y que nos cuide desde allí, como siempre hizo, si quiere, puede vestirse de Baltasar en el cielo, se le da bastante bien jejejeje. Os adoramos a todos, nos veremos algún día.

6 comentarios:

Aglaia Callia dijo...

Esta entrada me ha tocado mucho, porque hace poquito perdí a mi abuela, a la señora que fue para mí la abuela más querida y entiendo lo que pones, porque en gran medida lo he sentido y creo que siempre lo haré.

No te escribo más porque me he quedado muy conmovida, pero seguro que me entiendes.

Te mando un abrazo muy fuerte, y te digo que estoy segura tu abuela debe de ser un ángel para ti en el Cielo.

sabores compartidos dijo...

Hola pequeñaja, es una lastima que sea ley de vida, pero siempre parece que las gente importante y notble de nuestra vida se van antes de tiempo.Me ha gustado leerlo ya que a mi me trae recuerdos de alguno de los mios.
Cuidate y procura estar siempre alegre, como a ella le gustaria.
unos besotessssssssssssssssssssssss

karras dijo...

Querida Tamara. No te puedes imaginar lo identificado que me he sentido con esta entrada. La figura de los abuelos es la figura del amor. Nadie como ellos entienden del significado de la dulzura. Nada es tan grande como el beso de un abuelo/a. Y nadie deja un recuerdo tan placentero e inolvidable como ellos. Ay de aquel que no sepa valorarlo porque carecerá precisamente de esos valores futuros. Menos mal que este no es tu caso. Mil besos.

Tamara dijo...

Pues Aglaia, no pretendía entristecer a nadie, pero creo que a mujeres como las abuelas, hay que recordarlas, sobre todo si era tan grande como la mía. Un besazo.

Tamara dijo...

Pues si Orthos, a ella la encantaba que fuera feliz, y a mi abuelo ni digamos, que me hizo prometerle que me vestiría de rojo el día que muriera jejejeje.

Un besazo.

Tamara dijo...

ainsss Karras, supongo que ahora que encima eres abuelo, te habrás sentido mucho más identificado, como se quiere a los nietos, pero ffff, como se quiere a los abuelos. Un besazo.

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