Respétate

Y ella se levantó una mañana y se dio cuenta de que el hombre que dormía a su lado era todo entero una mentira. Sus labios, que tantos te quiero habían pronunciado mirándole a los ojos debían saber amargos por pronunciar unas palabras de las que ni siquiera sabía el significado, y ella se enteraba esa mañana, cuando abrió los ojos y él se había dejado encendida la pantalla de su ordenador y en ella había mensajes de otra mujer.

Le miró, aún dormía en la cama y sintió asco de sí misma por haber creído en sus palabras, por haber permitido que le tocará, por haber sido tan necia y haber confiado en que sus te quiero significaban algo, en que sus manos solo la tocaban a ella y su corazón era sincero.

Sintió asco por el hombre al que amaba con todas sus fuerzas, por el que lo daría todo, perdón, por el que lo hubiera dado todo, porque desde ese mismo instante todo había cambiado.

Asco por mirarle y seguir amándole a pesar de que la decepción dolía y sus palabras con esa otra mujer se habían clavado como puñales en su corazón, asco de sí misma por no haberse dado cuenta de cuando dejó de ser su propia prioridad para ponerle a él.

 Y ahora, sentada frente al ordenador, leyendo las palabras que se decían, sentía asco por querer saber desde cuándo llevaba ocurriendo todo aquello, en qué momento dejo de respetarla, en que instante se sintió bien con lo que estaba haciendo, asco por no tener la dignidad de levantarse y dejarle allí dormido y desaparecer de su mundo sin darle explicaciones, asco por todavía sentir una deuda con él a pesar de todo, porque los años pasados a su lado habían sido felices o eso pensaba ella hasta que abrió los ojos esa mañana y vio los mensajes, ¿si él no se hubiera dejado el ordenador encendido cuánto tiempo más hubiera estado engañada?

Y del asco, nació la rabia, el dolor, el sentimiento de frustración y con él la decepción, y ya no hicieron falta explicaciones, si él era capaz de faltarle el respeto de esa manera con otra mujer cuando ella dormía a escasos metros de ese ordenador, entonces, él no merecía ni siquiera poder tener derecho a explicarse porque las palabras que se habían dicho hablaban por si solas y mirarle a los ojos y escuchar sus explicaciones sabiendo que mentía y que le había mentido todo ese tiempo mientras le decía que la quería, eso, le destrozaría el corazón.

Así que dejó las llaves sobre la mesa y no escribió ni una triste nota de despedida, porque no hay despedidas cuando sabes que el corazón se queda con él al menos por un tiempo, tampoco palabras de consuelo o de aliento.

Y mientras vagaba por la ciudad con las lágrimas cayendo por su rostro, el corazón destruido y el alma solitaria, empezó a dejar de quererle y empezó a sentir que ella no era la culpable. Hizo a su cerebro razonar y olvidar estereotipos como "si se fue con otra es que no supiste mantenerle a tu lado", "si se fue con otra es porque en casa le faltaba algo"... No, dejo todo eso de lado porque en esa historia ella no era culpable de nada, sino víctima de dos insensatos que querían jugar, y empezó a valorarse, porque el único culpable de ser infiel es aquella persona que lo es, la otra parte es solo víctima del engaño.

No eres menos mujer que la otra, ni eres menos capaz de mantener a un hombre a tu lado... Eres tan mujer como cualquier otra y en una pareja no hay que retener ni mantener, debe querer estar y si no quiere, o si quiere pero a dos bandas, entonces el único culpable es él y la persona que sabiendo lo que hace, no respeta.

Y mientras vagaba por la ciudad con el móvil sonando porque él la buscaba, tuvo lastima de la otra persona, porque la que es capaz de meterse en medio de una pareja no se respetaba sí misma.

El móvil sonó, ese día y otro y otro... Tal vez las únicas llamadas sinceras que le hacía desde hace tiempo, ¿se preguntaría qué pasaba? ¿Habría visto que ella ya lo sabía todo? ¿O simplemente le molestaba no tener el control por primera vez en su vida? Pero todo se acabó, sin explicación, sin discusión, sin drama, porque aquel que no te respeta no se merece minutos de tiempo para que vuelva a mentirte.

Y cuando ella tomó esa decisión, empezó a vivir de nuevo fuera de esa mentira en que él había convertido su vida.

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Si estás pasando por una infidelidad, no le des el poder para que siga lastimándote, deja de escuchar sus mentiras, sus falsas promesas, sus excusas... Solo toma la decisión de volver a quererte y ser feliz, porque no eres menos que nadie, eres perfecta en sí misma y no necesitas a tu lado a alguien que no te respeta y ni siquiera se respeta a sí mismo.


Comentarios

Julia López Pomposo ha dicho que…
¡Cómo duele la traición en el amor!
Besos
CHARO ha dicho que…
Chiquilla pasé por esa amarga experiencia que te marca para toda la vida.Besicos

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