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Ya sabéis que por motivos varios el blog permanecerá cerrado y no podré visitaros, sois libres, de quedaros o marcharos, estoy pasando por momentos duros y necesito tiempo para aceptarlos. Iré poniendo de vez en cuando lo que escribo en facebook para desahogarme, me es más sencillo porque se lo dicto al móvil, pero mentiría si os dijera que puedo entrar a vuestros blogs a leer todo lo que escribís, y entrar a dejar un comentario absurdo y sin sentido, me parece una falta de respeto.

Gracias por comprender, gracias por estar a mi lado todo este tiempo, gracias a los que os quedéis y también, gracias a los que se vayan, podéis buscarme en facebook por mi nombre, si queréis hablar conmigo, y también por el nombre del blog, tengo una página en la que me llegarán vuestros mensajes directos.

13 de febrero de 2010

La envidia




Estoy harta de llegar a un sitio y ver la caras de miles de asombrados que te miran como si quisieras ser mejor que ellos, ¿Por qué motivo? Tener mejores notas que otra persona no es suficiente para que te tengan ese odio tan irracional.

Si hay algo que tengo claro en la vida, es que no puedo envidiar a alguien por ser mejor que yo, y si lo envidio, al menos que me sirva para saber que para ser mejor, tengo que esforzarme más de lo que lo he hecho.

Así soy yo, detallista y meticulosa, y no es solo porque los demás lo digan, sino que yo misma me reitero en sus afirmaciones, soy así, porque me encanta verme envuelta y rodeada por lo mejor, las mejores personas, la mejor familia, el mejor novio, los mejores trabajos, si eso es malo, y es querer sentirme superior a los demás, no temo ser egocéntrica, porque la persona que me asegure que no quiere lo mejor en su vida me esta mintiendo.

Desde que era pequeña, me he considerado una persona curiosa, cuando tenía nueve meses comencé a andar, y antes de los dos años, mi repertorio de palabras ya era mayor que el de la mayoría de los niños.


No empecé el colegio con tres años, como la mayoría, sino que mis padres decidieron llevarme a la guardería, era feliz allí, mientras a mis compañeros les enseñaban a leer porque eran mayores que yo, a mi me daban un libro porque con a penas tres años, ya me leía los cuentos yo sola, me encantaba sentarme con mis padres por la noche y mientras él leía sus aventuras, yo reírme y fantasear con las mías. 

No me consideraba una niña superior al resto, al revés, me encantaba jugar como a los demás, y como todos los niños odiaba hacer los deberes, pero era meticulosa en mi trabajo llegando a acostarme a altas horas de la madrugada, por repetir una y otra vez las páginas con tachones. Mis cuadernos eran claros y estaban cuidadosamente ordenados, hasta el punto de que mis profesores me felicitaban y alababan mi esfuerzo.

Ya veis, desde pequeña he sido así, pero jamás había pensado tanto en las envidias que suscitan las personas que se esfuerzan, y no es que me crea digna de ser envidiada, sino que, cuando llego a ciertos sitios y veo como otra gente critica a mis compañeras por preocuparse por su trabajo pienso, “le tienes envidia”, y aprendo a ver a esa persona con otros ojos, porque, ¿No dicen que se conoce más a una persona por lo que ella dice de los demás, que por lo que los demás dicen de ella?.

Creo que existen dos tipos de envidias, la envidia sana y la no tan sana, la envidia sana es la que te lleva a alegrarte de los triunfos de tus compañeros, de sentirte dichoso cuando alguien saca mejores notas que tu y su esfuerzo es recompensado.

La envidia no sana, es aquella que te hace fingir estar dichoso mientras tu mente bulle de ideas maliciosas como, “te creerás importante”, “solo es un triunfo”, “yo saque mejores notas que tu el examen pasado”. Esa es la envidia mala, y queridos lectores, yo aconsejo que cuando se tiene esa clase de envidia no se mira a la otra persona como un rival, sino como aquel que te va a impulsar a conseguir nuevas metas, a crearte nuevos objetivos.

El pensamiento que debe quedar en vuestras mentes, es que de ahora en adelante, cuando entréis en una sala y notéis en vosotros esas miradas odiadas, penséis, no es odio, sino admiración, porque mi esfuerzo ha sido recompensado. Recordar siempre, que, uno debe esforzarse e intentar ser mejor por si mismo, aquella persona que se esfuerza y consigue sus metas no lo hace por molestar a los compañeros ni por sentirse superior, sino que lo hace, porque viene en su naturaleza ser de ese modo, curioso, cuidadoso, detallista y meticuloso con su trabajo.

A todos aquellos que no os esforzáis, por no ser la comida de sobremesa en las conversaciones de vuestros compañeros, recordar, que llegará un día, en que esas personas que os critican, miren atrás y vean como perdieron el tiempo no luchando por sus metas.

Luchar siempre, la vida no vale la pena, si no la vivimos al máximo.


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Un besazo.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

jajajaja.. La VERDAD QUE DE LO QUE CONOZCO SÍ HAS SUSCITADO ENVIDIAS. Hay gente que se alegraba de tus éxitos, entre las que me encuentro, y muchas otras te miraban como por encima del hombro diciendo "y éta de qué va, qué se ha creído".. cada uno es responsable de su propia vida, y, puesto que, tan sólo tenemos una, debemos aprovecharla al máximo, ya que cuando miremos atrás y veamos aquello que pudimos conseguir y no lo hicimos por envidias, o bien por tener la mente ocupadas en otras cosas...

Sólo puedo decir que a mí hay personas que me han enseñado muchas cosas y entre ellas, sabes quién ha sido... verdad?
Mucho ánimo y piensa que mientras que aquellas que desechan su tiempo en criticar tú lo hacer por deslumbrar y aprender más.

Xiky dijo...

No quiero suscitar envidias de nadie, y si las suscito, espero que a la otra persona le haga esforzarse más, pero no creo que deba ser envidiada, porque lo que he conseguido ha sido por mi trabajo y esfuerzo, no por suerte, ni porque las cosas me hayan llovido del cielo.

Muchas gracias por el comentario.

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