Isemay- Parte 1.10 VIVO

Sin darse cuenta abrió los ojos más aun, intentando enfocar la imagen de aquel hombre que le había capturado y que osaba atormentarlo de esa manera. A lo lejos maulló un gato, fue un sonido a penas audible, pero que le hizo sonreír, si los animales llegaban hasta allí, aquello no debía ser tan horrible, pensó para sí.
Instantes después los pasos volvieron a acentuarse, y ahora si estaban ante él, se veía la sombra bajo la rendija de la puerta.
-                            ¿Despertaron los prisioneros?- preguntó una voz con jerarquía y dote de mando.
Aunque estuviera exhausto, sabía distinguir perfectamente cuando un hombre estaba acostumbrado a impartir órdenes y que estas fueran obedecidas, parecía una voz cruel, pues el caballero que se encontraba con él pareció dudar antes de contestarle, por si la respuesta no era la acertada. Intentó por el tono de voz, buscar a alguno de sus enemigos, ponerle rostro al hombre que había provocado aquello, le serviría al menos para no dejarse vencer por las condiciones en que estaba seguro lo tratarían.
-                            Solo uno de ellos, mi lord- contestó por fín otra voz.
-                            Hablemos con él entonces- volvió a hablar el primero- y traedla de una vez- grito- es una simple mujer.
-                            Ella se resiste, mi lord- se oyó otra voz dubitativa- y usted nos pidió que no la causáramos daño alguno.
-                            No quiero agresiones, pero quiero que vea lo que ocurrirá sino accede a mis peticiones- ordenó de nuevo el que debía ser el jefe- no creo que cueste tanto someter a una mujer a la voluntad de los hombres.
-                            Esta bien, mi lord- contestó de nuevo la voz, pero no parecía muy convencido de lo que decía- la traeremos enseguida.
-                            Secuestrarla si es necesario- grito cuando los hombres estaban ya lejos de él.
Cuando las voces se hubieron acallado, se abrió ante él una puerta, cuyos bornes chirriaron por el roce en el desplazamiento, estaba mal engrasada y por el olor que llegó hasta él, parecía no haberse utilizado en mucho tiempo. Una luz cegadora inundó parte de la estancia, debía de llevar muchos días sin ver nada, porque le dolieron los ojos y se le cerraron a causa del esfuerzo por adaptarse a la nueva iluminación.

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