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Ya sabéis que por motivos varios el blog permanecerá cerrado y no podré visitaros, sois libres, de quedaros o marcharos, estoy pasando por momentos duros y necesito tiempo para aceptarlos. Iré poniendo de vez en cuando lo que escribo en facebook para desahogarme, me es más sencillo porque se lo dicto al móvil, pero mentiría si os dijera que puedo entrar a vuestros blogs a leer todo lo que escribís, y entrar a dejar un comentario absurdo y sin sentido, me parece una falta de respeto.

Gracias por comprender, gracias por estar a mi lado todo este tiempo, gracias a los que os quedéis y también, gracias a los que se vayan, podéis buscarme en facebook por mi nombre, si queréis hablar conmigo, y también por el nombre del blog, tengo una página en la que me llegarán vuestros mensajes directos.

12 de julio de 2011

El cocinero de los cuentos.

Por fín tengo un rato para escribir, supongo que algunos ya sabéis que he tenido dos semanas un poco duras, ahora parecía que esto se iba tranquilizando, pero me equivoque, hoy no ha sido más fácil que el resto de los días, son gajes del oficio, lo sé, pero eso no me quita el dolor de los moratones, ni de los tirones de pelo,... Aunque como siempre digo esas cosas se pasan. 
No quiero contar cosas tristes, ni siquiera me gusta hablar de esto, son cosas que pasan y se quedan conmigo.
Así que os voy a contar una anécdota divertida. Ayer vino a visitarnos un mago, el cocinero de los cuentos, a los peques les encanta, y a mi, en algunos trucos, me deja pensando como lo hará. Pues bien, el truco era una pizarra, en la que el mago iba dibujando conejos, pero cuando él no miraba, un conejo jugueton aparecía en la pizarra.
Los peques se pusieron tan nerviosos que hasta se levantaban de sus asientos diciéndole que mirara para que viera que el conejo salía... Claro, cada vez que el mago miraba, el conejo se escondía.
El mago preguntaba ¿Cuántos conejos hay en la pizarra? Y ellos siempre contaban al que salía y se escondía, y el mago les decía mal, mal, mal. Nos reímos todos mucho.
Una de mis peques, se puso tan nerviosa que se paso la hora de pie, esperando a que saliera el conejo para atraparle, y finalmente terminó diciendo "jolín que si está", otro no paraba de reir, tanto que hasta nos planteamos sacarle de la clase, porque parecía que le costaba respirar...
Todos no lo pasamos genial, los peques aplaudieron mucho, y por la tarde después de la comida no dejaban de hablar de ello, repetían había seis conejos pero el mago solo veía cinco, jajaja, como si el mago no se diera cuenta de las cosas.
Seguramente cuando llegaron a casa lo contaron todo.
Tenía que compartirlo con vosotros, para que los que habéis visto las cosas malas de mi trabajo, también comprendáis, que no todo es así. Que también reímos, nos divertimos y hacemos mil manualidades divertidas, que mis peques no dejan de repetir, para mama, para papá... 
Las manualidades, como siempre, las iré colgando en el otro blog, para el que quiera realizarlas.

2 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

Participar en la risa e ilusión de un niño, no tiene precio.

¡Qué bien escribes, Tamara!

Eres joven y soñadora, la vida te ha empezado a dar golpes, y te dará muchos más; te irán endureciendo al tiempo que la pérdida de tu inocencia te dolerá; pero la soñadora que fuiste, la idealista, nunca morirá en ti.

Un beso.

Tamara dijo...

Jajaja, si me preguntas algo gratificante de mi trabajo, sin duda te diré que cada vez que les veo sonreir.
Gracias por el comentario. Supongo que tienes razón en la mayoría de las cosas, me gusta soñar... y bueno, espero no llegar a perder por completo esa inocencia, no quiero volverme diferente a como soy.
Un beso.

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