Isemay- Parte 9.3 VIVO

De repente recordó donde se encontraba y la joven se levantó de un salto esperando estar siendo atacada por Wilde, pero no era así, no había nadie más en la estancia. Aun seguía adormecida cuando logró enterarse de porque gritaba su esposo.
-                            Despiértale- la gritaba enfurecido- no puede dormirse.
-                            No entiendo- se acercó a él bajo la tenue luz de una de las antorchas al tiempo que se abría la puerta de la estancia dejando entrar aún más luz.
Los ojos de Isemay se aclimataron rápidamente, y cuando volvió la vista para seguir la dirección de la mirada de Osmar, palideció al instante al ver a su hermano en ese estado. Sus muñecas desgarradas soportaban el peso de su cuerpo inerte que se balanceaba sobre las cadenas que lo sujetaban. Las rodillas sin vida estaban flácidas y la sangre de su herida caía sobre sus pantalones. La cabeza echada hacía delante con el pelo sobre la cara no le dejaba ver su rostro, pero mejor así, porque estaría igualmente pálido.
Intentó avanzar hacia él, pero sus piernas parecían paralizadas por el miedo, no consiguió moverse un solo centímetro, mientras los hombres de Wilde miraban la escena tan sorprendidos como ella.
-                            ¿Por que hay tanto alboroto?- les interrumpió Wilde entrando en la estancia, la capa que llevaba sobre los hombros levantó el polvo del suelo al recogerla con tanto ímpetu.
-                            Maldito seas- grito Isemay cargando contra él sin pensárselo, parecía que el miedo había sustituido a la rabia de ver a su hermano en ese estado.
Estaba enloquecida, lo demostraba la manera en que arremetió contra Wilde haciendo que este cayera al suelo de espaldas, los hombres de él no se movieron, pues no habían tenido tiempo a reaccionar y ni siquiera sabían como actuar ante la joven.
-                            Ayudarme- grito Wilde al verse tendido en el suelo con la muchacha encima que lo abofeteaba con rabia.
Dos brazos la tomaron de la cintura separándolo de él, pero la joven seguía pataleando enfurecida cuando Wilde logró incorporarse del suelo. El hombre sabía que si hubiera tenido un arma la muchacha no hubiera dudado en matarlo. Sus ojos estaban llenos de sangre y tan inyectados en rabia, que hubiera sido capaz de todo, jamás la había visto de ese modo. Con la manga de su capa se limpió la sangre que caía por la comisura de su boca y sin decir palabra se acercó a ella y la abofeteo tan fuerte que la joven cayó desmayada en brazos del hombre que la sujetaba.

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