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Ya sabéis que por motivos varios el blog permanecerá cerrado y no podré visitaros, sois libres, de quedaros o marcharos, estoy pasando por momentos duros y necesito tiempo para aceptarlos. Iré poniendo de vez en cuando lo que escribo en facebook para desahogarme, me es más sencillo porque se lo dicto al móvil, pero mentiría si os dijera que puedo entrar a vuestros blogs a leer todo lo que escribís, y entrar a dejar un comentario absurdo y sin sentido, me parece una falta de respeto.

Gracias por comprender, gracias por estar a mi lado todo este tiempo, gracias a los que os quedéis y también, gracias a los que se vayan, podéis buscarme en facebook por mi nombre, si queréis hablar conmigo, y también por el nombre del blog, tengo una página en la que me llegarán vuestros mensajes directos.

2 de diciembre de 2011

La ilusión, la Navidad… y el egoísmo.

Ahora que se acerca la Navidad, siempre me gusta rememorar, las cosas que pensaba en el pasado, no sé, es como hacer una lista y comprobar, cuanto ha cambiado mi vida en un año, esta vez, no es de hace un año de cuando he leído esto, si no, de hace dos, y me he dado cuenta, que aun sigo acordandome de todo lo que digo, que aun sigo pensando de la misma manera... Espero que os gustara la segunda entrada que escribí en los comienzos de mi blog. Aquí os la dejo para que la leáis, aunque si os vais al archivo la encontraréis también.

Desde que era pequeña siempre he creído que la Navidad es una época para compartir con la familia, y me daba pena, cuando, observaba a mi alrededor que mis padres, mis tíos, mis primos, se iban haciendo mayores e iban perdiendo esa ilusión.




La pregunta es, ¿por qué se pierde la magia? Yo tengo muy claro que no es el hecho de que nos hagamos mayores lo que va apagando la chispa de la Navidad, sino el sentido que los medios de comunicación le dan, siempre consumismo, ¿no hay Navidad sin regalos?, yo prefiero mil veces estar rodeada de mi familia y las personas que me quieren antes que recibir miles de regalos, que tarde o temprano estarán colocados en un estantería, guardados en un baúl y olvidados para siempre.





Una vez de pequeña, mis padres y mis padrinos nos regalaron a mi hermana y a mi dos libros, justo a la vez que yo deje de creer en los Reyes Magos, mi madre no dejaba de explicarme que la magia la tenía yo, dentro de mi, y que si existían esos Reyes Magos, solo que no podían ir a todas las casas y por eso los papas tenían que ayudarles. 


Pues bien, esas fiestas tan tristes para mí, después de saber quienes me traían los regalos, se convirtieron en las mejores de mi vida, cuando mis padres me demostraron que era cierto, que la magia existía si yo quería creer en ella.



Para empezar, mis padres y mis padrinos nos regalaron dos libros, uno de ellos se titulaba “Yaiza y los Reyes Magos”, mis padres nos los habían personalizado, y mi hermana y yo salíamos entre los personajes de los libros. 


El libro cuenta la historia de una niña, que no se podía dormir en la noche de reyes, nerviosa de que estos fueran a aparecer, cuando de repente, notó algo en el cristal de su habitación, era el Rey Melchor, al que había pillado desprevenido cuando iba a entrar a su casa a dejarla los regalos, el Rey, le invita a ir con ellos esa noche, la niña, junto a los tres reyes magos, recorren gran parte del mundo, cada vez el destino lo elige uno de ellos, Kenya, el Polo Norte, España, y en cada uno de esos viajes, los reyes van explicándola a la niña el porque dejan ese regalo en especial a ese niño.






En el último viaje, le dicen a la niña que elija destino, y ella dice, La India. Los reyes se miran extrañados y revisan sus listas, nadie, en ninguna de las cartas había nombrado ese lugar, no había regalos para ellos. Entonces la pequeña tiene una idea, entregaría sus juguetes a esos niños, aunque los Reyes la avisan de que a la mañana siguiente ella no tendrá nada, pero a la niña la da igual. 


Después de repartir y vaciar los sacos con los regalos que llevaban su nombre, la pequeña les dice a los reyes que lamenta no haber sido egoísta y haber pedido muchos más regalos, de esa manera podría darles más a los niños. 





Cuando termina la noche, los reyes la devuelven a su casa, y la niña esta muy feliz, porque aunque no vaya a tener regalos, sabe que ella en su casa tiene muchos y esos niños no. Pero a la mañana siguiente cuando despierta, tiene muchos regalos en su habitación, más de los que había pedido, y una nota que dice “cuando entregas amor, se te devolverá triplicado”.



Ese cuento, me ha acompañado todos los días de mi infancia y cada noche de reyes, recordándome lo egoísta que somos a veces al no acordarnos de los demás, siempre pedimos, pedimos y pedimos sin pensar que siempre habrá alguien que no tenga nada. 


Y esta historia, la traspaso a cada instante de mi vida, cuando voy en el metro y oigo quejarse a la gente del trabajo y lo cansados que están, cuando voy al médico y te tratan como el número siguiente de su lista y no como una persona, en mi trabajo, cuando oigo a mis compañeras decir, el síndrome de Down, en vez de Miguel, Pepe, Juan… y cada vez que me ocurre esto pienso, ¿Qué clase de vida tiene esta gente? Jamás entregan amor, no hacen las cosas con felicidad, no dan sino es a cambio de recibir,…



Pensarlo, la Navidad, no es una época de regalos, es una época de vivir amor con nuestra familia, ¿qué más da que nos traigan la PSP, la Nintendo, o mil juegos para la play station? ¿No es más importante sentarte a cenar durante las fiestas y mirar a uno y a otro lado y encontrar a toda tu familia reunida, sonriendo?



Y, ¿por qué no podemos extrapolar lo que pensamos en la Navidad al resto de los trescientos sesenta y cinco días el año?, ¿no podemos reunirnos con nuestra familia más veces, o ir al trabajo más felices, solo por el hecho de cuando termine el día, haber recibido al menos una sonrisa?



No se a vosotros, yo pienso que merece la pena entregar ese amor cada día, para, y como dijeron los reyes en mi cuento, recibirlo triplicado, sea de quien sea.




Un beso a todos y gracias por leerme. 

7 comentarios:

^^EldanY^ dijo...

Mi querida profe, ya estamos tan saturados de navidades, papa noel, santa klaus, reyes magos, día del niño, día de la moto, día de la piedra pómez, que todos los días es un DÍA.
Ahora puedes adquirir cualquier cosa de navidad prácticamente en cualquier sitio en cualquier fecha.
Yo, recuerdo que solo comía gambas (y no todos los años) en Navidad, cuando nos juntábamos toda la familia, ahora no nos juntamos nadie.
O, la ilusión de esperar toda la noche con un ojo abierto y otro cerrado por si vería llegar a los Reyes Magos, curiosamente cuando llegaban yo había caído rendido al amanecer.

No sé, tenemos de todo, eso es bueno y también muy malo porque eso, en cierta medida, nos quita la ilusión.

No sé, tampoco es malo tener de casi todo eh? solamente digo que antes tenía más ilusión por las cosas al ser de vez en cuando, de tarde en tarde y esperarlas con ansia. Ahora piensas, bueno, pues mañana voy y me lo compro.
El consumismo y tal.

Un saludo.

Tamara dijo...

Eso es verdad Daniel, pero la magia no debe perderse nunca...

Un besazo.

Piruja dijo...

Hola Tamara, el cuento es muy bonito y ojala fuese así siempre, pero creo que ya he dicho que la sociedad en la que vivimos cada vez es mas egoísta y solitaria, se prefiere tener mil y una cosa antes que compartir o repartir y cuanto mas se tenga mucho mejor aunque luego se tengan las cosas arrinconadas muertas de risa, somos así.
Lo que dices de la magia que se va perdiendo, pienso que es por que miras a tu alrededor y te faltan personas muy importantes y que esos días quizás se nota mas su ausencia, quieras o no ya no es lo mismo y esa magia que teníamos de niños de mayores ya no se tiene, y no creo que sea por la cuestión de los regalos si no por lo que te he dicho y las cosas que te van pasando en la vida, que aunque esos días digamos los echamos a un lado pero sabemos que están hay, yo procuro hacer lo que dices cada día pero también te digo que es bien difícil.
A lo que dices de tus compañeras de que llaman niño Down en vez de decir su nombre, seguro que si tuviesen un hijo o familiar así no dirían eso, ya que a los demás niños no les dicen niño rubio o moreno ni nada por el estilo, si no que les dirán su nombre, para que veas como estamos en esta sociedad, y cosas así por pequeñas que sean te van haciendo perder esa magia que tu dices, pero tu no la pierdas que aun eres muy joven vale?

Un besote!!

Tamara dijo...

Piruja, es cierto que echamos de menos, y eso es bien difícil, mi abuelo murió en Navidad, no es una época muy feliz para mi familia, pero... Él siempre me decía que cuando estuviera triste me vistiera de rojo, lo que me daba a entender que no quería que llorara jamás por él.

El día de Navidad, me acuerdo de él, de lo que me dijo, y pienso siempre que uno de los días en los que él querría que sonriera sería ese, así que lo hago, con más ganas, sabiendo que en algún lugar, me está mirando y diciendo, esta haciendo lo que yo la dije, no creo que haya mejor manera de decirle que le quiero y que le recuerdo.

La magia vive en todos nosotros, solo hace falta darse cuenta de ellos. Para mi familia, estos días son tristes, pero a la vez, están llenos de ilusión. Espero que para vosotros sea igual.

Un besazo.

Ricard dijo...

Hola Tamara.
Un precioso cuento.
Verdaderamente tienes mucho talento escribiendo.
En navidad todo es magico y lleno de ilusion.
Un abrazo. Ricard

Tamara dijo...

Gracias Ricard :D Me alegro de que te haya gustado.

Un beso.

Amelia dijo...

Ay amiga que pedazo de entrada! Eres una preciosidad de mujer Támara y como ves tu la vida es con el corazon y por eso sientes tanto las cosas y las situaciones. Me encanta el cuento y desde pequeños es cuando hay que hacer incapie en lo que verdaderamente importa. Mis niñas no son pidonas y siempre les digo que de sus listas los Reyes Magos harán una seleccion.
De todas formas yo siempre les recuérdo que hay niños que no son tan privilegiados como ellas que disfrutan de una familia que las ama y eso es mejor que tener camiones de regalos.
Un besazo y si eres igual un año después. No cambies nunca querida. Amelia.

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