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Ya sabéis que por motivos varios el blog permanecerá cerrado y no podré visitaros, sois libres, de quedaros o marcharos, estoy pasando por momentos duros y necesito tiempo para aceptarlos. Iré poniendo de vez en cuando lo que escribo en facebook para desahogarme, me es más sencillo porque se lo dicto al móvil, pero mentiría si os dijera que puedo entrar a vuestros blogs a leer todo lo que escribís, y entrar a dejar un comentario absurdo y sin sentido, me parece una falta de respeto.

Gracias por comprender, gracias por estar a mi lado todo este tiempo, gracias a los que os quedéis y también, gracias a los que se vayan, podéis buscarme en facebook por mi nombre, si queréis hablar conmigo, y también por el nombre del blog, tengo una página en la que me llegarán vuestros mensajes directos.

21 de enero de 2012

Peñalara 2

Os cuento otra pequeña anécdota, mientras la acompaño con los paisajes de allí.



Cuando era pequeña, ya os dije que había barbacoas en ese lugar para comer, mientras mi madre hacía la paella, mi padre, para que ninguno de los tres hermanos estuviera cerca del fuego, nos llevaba al otro lado del río, saltando por las piedras. 



Al otro lado del río, estaban los toros, se veía claramente porque había que ir esquivando las pequeñas minas que nos dejaban de regalos ;-) No os dejo las fotos de las minas, porque no es agradable jejejeje.
Una vez cruzada la pradera de los toros, se encontraban las charcar, allí, botella en mano, recogíamos tantos renacuajos como podíamos, y los llevabamos a casa para verlos crecer. La verdad, nunca duraban mucho, siempre se nos morían, y me regañaréis diciendo que debía dejarlos donde estaban, pero lo cierto, es que, me daba mucha pena ver como el río se congelaba, y cuando ibamos muchas ranitas habían muerto de frío, así que lo hacía por una buena razón.

Pero hubo una vez, que los renacuajos crecieron, tanto, que los cambiamos de la botella a un cacharrito de plástico, y se convirtieron en sapos, que saltaban de un lado a otro. Mayores, ya no me gustaban mucho, así que, al fín de semana siguiente, con todo el dolor del mundo, los abandoné de nuevo en el bosque.



No sé si sobrevivieron o no al frío, pero lo que si recuerdo, es que abrieron la tapa y los diez sapos saltaron hacia mí, menudo susto me dí, ya no volví a coger renacuajos.

4 comentarios:

Gema dijo...

Me encanta con el cariño que nos cuentas cosas sobre tu infancia Tamara.

Yo recuerdo que tambien de peque jugueteaba con ellos pero jamas me lleve ninguno a casa, a tanto no llegaba mi pasion jajajaja!

Si me llega a pasar a mi lo que te paso con los sapos al abrir el tapon me da algooooooooo!!

Besitos guapa!

^^EldanY^ dijo...

Preciosas imágenes y el algibe está genial, ni hecho a posta.

Me gustaría pasear por esos lugares.

Saludos profe.

Tamara dijo...

Yo creo que no era pasión, era una manera de entretenerme jejejeje.

Jajajaja, recuerdo que me caí de culo, y empecé a gritar para que vinieran a rescatarme jajajaja.

Un besazo.

Tamara dijo...

Pues vente que te llevo, a cuestas no, pero te llevo a verlo.

Un besazo.

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