Relato: El rey de los árboles.

“Hace mucho, mucho tiempo, en un país muy lejano, vivía un rey al que le encantaba la naturaleza, siempre tenía es castillo rodeado de árboles, y era muy feliz.

Cuando se levantaba por la mañana veía los árboles, con los pajaritos en sus nidos, y también los frutos, las manzanas, las peras, las naranjas, los plátanos, todo estaba riquísimo.

Pero en ese reino faltaba algo, la gente.

A la gente no le gustaban los árboles y tampoco la naturaleza, así que el rey, para proteger a sus árboles y a sus amigos los animales había tenido que echarlos de allí.
La gente, se había ido entonces a otro pueblo, donde todo era de color marrón, todo de arena, todo muy triste, a la gente le costaba respirar, y en verano cuando hacía mucho calor, no tenían ni una sola sombra donde meterse debajo.

Pero a la gente no le importaba, mientras no hubiera árboles, podían utilizar todo el espacio para construir casas y más casas.

Eran tan egoístas que no se daban cuenta de que el espacio se les estaba terminando, y que si seguían construyendo así, no podrían casi ni respirar.

Construyeron tantas casas que el sol ya no pudo entrar en esa ciudad, así que toda la ciudad se quedo oscura.

Construyeron tantos pisos altos que las nubes con su lluvia no entraban tampoco y se quedaron los pocos ríos que había sin agua.

Y como los ríos no tenían agua, construyeron sobre ellos más casas, ocupando el resto del terreno.
La luna tampoco pudo entrar por la noche a esa ciudad, todos los edificios eran tan altos, que a la luna la dio miedo salir, por si acaso alguien conseguía alcanzarla.

Los pocos árboles que había se murieron porque no había agua, y así la ciudad era cada vez más y más fea, y la gente cada vez más triste… No podían ir al parque, no tenían parques con los que jugar, y los pocos que había estaban todos estropeados o tan llenos de gente que los niños no podían ni moverse.

Sin embargo, en la otra ciudad, el Rey al que le gustaba la naturaleza estaba cada vez más contento, porque la gente, harta de la ciudad, iba siempre a visitarle, jugaba con sus árboles y los cuidaba.

Poco a poco, la gente se dio cuenta de que no se podía vivir en una ciudad sin árboles, y empezaron a cambiarse de ciudad, viviendo con el rey que amaba la naturaleza, les enseñaba como cuidarla y les dejaba construir pequeñas casitas, pero nunca molestando al sol, ni a la luna, ni a los árboles…


 Así, al rey, Dios le llamó y le nombro, el rey de los árboles, y hoy, todavía, cuando vamos al campo si escuchamos en silencio, oímos que los árboles, cantan para él, moviendo sus ramas”

Comentarios

EldanY dalmaden ha dicho que…
La verdad es que no se puede juntar naturaleza con población en masa. No somos muy cívicos que digamos y nos la cargaríamos de nuevo.

Por otro lado señorita profe, buen relato.
Guiño
Karras ha dicho que…
Así es querida Tamara. Si estás un poco atenta oirás al viento entre las ramas de los árboles contarte las mil y una historias de nuestro querido Rey. Los árboles con su longevidad y sapiencia las transmiten de generación en generación pero es necesario abrir todos los sentidos si queremos escuchar la voz de los árboles. A LOS NIÑOS LES CUESTA MENOS. Un besazo y gracias por ser parte de mi bosque.
Dany, es que somos la leche, no respetamos nada, ni siquiera algo que es un legado para nuestros futuros descendientes jejejeje.

Un besazo.
Uys Karras, yo creo que a los niños les cuesta más, porque no saben ni lo que quieren, algunos incluso creo que no saben lo que es el silencio.

Un besazo y bienvenido de nuevo.

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Abedul ha dicho que…
Tamara el cuento es precioso y el mensajemuy necesario para consevar la vida de los arboles protectores del medio ambiente, yxapeldun he disfrutado leyéndolo un abrazo de Begoña
Gracias Begoña, viniendo de la reina de los cuentos, es un gran halago. Un besazo.

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