Isemay 40.11


                   
Osmar la vio marcharse de camino a la escalera, ni siquiera se dio la vuelta al llegar a ella para ver si ambos la seguían observando. La mano de su hijo estaba caliente, y Osmar sabía que le miraba impaciente por marcharse de allí cuanto antes. Así que se volvió hacia él. Durante toda la noche había tenido tiempo de pensar en su estrategia, haría cosas con Olaft que necesitaran de la supervisión de Isemay, así la mantendría a su lado.
-                            ¿Vamos a ver a los papayos?- preguntó el niño ansioso por marcharse.
-                            Si, vamos al patio- se dio la vuelta para volver a salir por la puerta.
-                            Los papayos son grandes.
-                            Si, estos patios son enormes, el rey los cuida mucho.
-                            Papá no entiende- se puso Olaft las dos manos en la boca y comenzó a reír de manera pícara.
-                            Me cuesta un poco ser padre- se agachó a la atura de su hijo.
-                            Papá- De repente Osmar fue consciente de como su hijo se apartaba de él para salir corriendo en busca de Reynald que entraba por la cuadra y al oírle se dio la vuelta corriendo y abrió los brazos para recibirle.
-                            Veo que no podré disfrutar en paz de mi hijo- se acercó molesto donde estaba Reynald.
-                            Sí que puedes- fue su escueta respuesta- ¿Vais a ver los caballos, Olaft?- preguntó al niño que le abrazaba con fuerza.
-                            Sí, papá tiene un papayo muy grande, mamá no sabía su color. Papá quería ir al patio grande, yo quería ver el papayo grande, mamá va de paseo con tuyo- dijo el niño.
-                            Si, vamos a ir de paseo, pero, ¿Sabes qué? Yo sé dónde está el caballo de tu papá- le revolvió el pelo al niño antes de dejarlo en el suelo- lo guarda en la tercera cuadra, pero ten cuidado- habló como si fuera a encontrarse allí un monstruo- es muy grande y fiero, y sus dientes son enormes, tal vez deberías ir a coger azúcar, al caballo de papá le encanta el azúcar. ¿Verdad, Osmar?
-                            Me cuesta un poco entenderle todavía- Se explicó.
-                            Su madre es la experta traductora- le indicó antes de soltar de la mano al niño y que este saliera corriendo al interior de las cuadras- Te aconsejo que le sigas antes de que se meta debajo de tu caballo- dijo volviéndose para marcharse y dejarlos solos.

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