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Ya sabéis que por motivos varios el blog permanecerá cerrado y no podré visitaros, sois libres, de quedaros o marcharos, estoy pasando por momentos duros y necesito tiempo para aceptarlos. Iré poniendo de vez en cuando lo que escribo en facebook para desahogarme, me es más sencillo porque se lo dicto al móvil, pero mentiría si os dijera que puedo entrar a vuestros blogs a leer todo lo que escribís, y entrar a dejar un comentario absurdo y sin sentido, me parece una falta de respeto.

Gracias por comprender, gracias por estar a mi lado todo este tiempo, gracias a los que os quedéis y también, gracias a los que se vayan, podéis buscarme en facebook por mi nombre, si queréis hablar conmigo, y también por el nombre del blog, tengo una página en la que me llegarán vuestros mensajes directos.

31 de diciembre de 2013

Polvorón y su camita viajera.


Este será el último post del año, la verdad es que tenía otro preparado, pero lo cambie para febrero, pues quería terminar el año con algo un poco más especial, como es el reto navideño del blog acompáñame. Si, es un reto que yo he realizado, pero la verdad, es que sin vuestra participación de poco hubiera servido.

Hoy termina el plazo para presentar la felicitación, y el día de reyes acaba el plazo para el relato, como me gusta no ser la última, os dejo aquí mi relato.

"Por extraño que parezca, Polvorón soy yo, el perrito de esta casa, no tengo raza, ni un gran pelaje, ni pose para participar en concursos, pero... soy yo, y me quieren, os contaré el motivo...

No soy un perro como los demás, la verdad es que soy un trasto, pero todo viene porque en el parque donde mi ama me pasea, me enteré, que solo los grandes perros y ladran fuerte, tienen un sitio entre los perros campeones.

Perro campeón es aquel al que sus dueños quieren más, y claro, yo, ni soy grande, ni tengo un ladrido potente, así que, necesito hacerles saber que estoy aquí, y la única manera es moviéndome por la casa, y no penséis que no es tarea.

Veréis que ocurrió el día de Reyes...

La mañana de Reyes, me encontraba tumbado en mi camita, pero, no en el mismo sitio donde mi amo ponía cada noche el colchón donde yo debería dormir, y es que, a mi, lo que me gusta es moverme por la casa, por el día en el salón, por la noche en la cocina, o bueno, más que dormir, lo que me gusta es despertar en la cocina. 

Mi ama me regañaba, decía con cariño que en la cocina era el único lugar de la casa donde no se dejaba la calefacción encendida por la noche, me sermoneaba sobre la cantidad de cosas que me pasarían si me quedaba a dormir allí, y si insistía en trasladar mi camita todas las noches de lugar, pero la verdad, es que yo no pasaba frío, claro que, los humanos tienen un sentido del frío distinto a nosotros, mientras mi ama se arropa en el sofá con una manta para ver esa cosa que llaman tele, y por consiguiente intenta cogerme en brazos y meterme bajo la manta también, pensando que yo estaré mejor allí, yo lo único que noto es un calor asfixiante, aunque es un calor que se soporta, porque si vierais a mi ama, entenderíais, que por sus abrazos y besos vale la pena soportar ese calor.

Y es que, desde pequeñito, no he sido muy bueno la verdad, soy trasto, demasiado, tanto, que mis anteriores dueños se cansaron de mi y me dejaron en un parque, yo estuve feliz un buen rato sintiendo la libertad de correr por allí, pero claro, oscureció, y la cantidad de ruidos extraños que había me daban miedo, pero... tuve suerte, o eso dice a veces la abuela de la familia, porque la verdad, es que mi ama, apareció por allí, abrió sus brazos sin miedo a que yo pudiera morderle, y me abrazó, incluso me metió bajo su abrigo para que no pasara frío. 

Esa primera noche, mi ama, permaneció en la cocina conmigo, y es que la abuela de la familia, siempre que me coge en brazos, me cuenta la misma historia, "Polvorón, si tu entendieras el susto que nos diste la primera noche que te trajeron aquí, te pusiste tan malito que mi adorada nieta no quiso moverse de tu lado, pensando que sería tu última noche, y es que si, Polvorón, no sabes la cantidad mala de gente que habita el mundo, y no todos tienen la suerte que tuviste tu"

A veces, mi ama consigue rescatarme de los brazos de la abuela que es capaz de tenerme junto a ella contándome la misma historia una y otra vez, pero es que, ya me avisa de eso mi amo cuando me dice "Polvorón, deberías mantenerte lejos de los dulces de la abuela si no quieres que te atrape", y claro, es que no todo el mundo es capaz de resistirse a los dulces de la abuela, unos caramelos que lleva siempre metidos en el bolsillo y que me atraen hacia ella como un imán, pero... tampoco se puede pedir que un perro sea capaz de mantenerse apartado del azúcar, ¿o si?

Aunque lo que os quería contar, es que la primera noche que llegué a mi nueva casa, mi ama no se movió de mi lado, y fue en esa cocina, esa en la que me encanta tanto llevar la camita, y es que es mágica, tiene una puerta con un cristal tan grande que llega hasta el suelo, yo me tumbo delante de ella, y puedo ver como llega la noche y se abre paso el día, eso si, cada mañana, traslado de nuevo mi camita hasta el salón, donde ellos están, mi amo es insistente, él no quiere que duerma en la cocina, pero cansado de trasladar mi cama cada día ya la deja allí, por lo que ahora yo tengo que estar de lado a lado con la cama a cuestas. Mi ama, ella es distinta, podría decirse que reconocería su olor a kilómetros de distancia, y bueno, ella siempre dice que Polvorón no debería dormir en la cocina porque hace mucho frío, pero no me regaña, solo a veces noto que se levanta por la noche y echa sobre mi cuerpo otra manta calentita.

No os penséis que la puerta es lo único que me mantiene allí, es que, por la mañana, a primera hora, llega la otra abuela a hacernos la comida, bueno, creo que más bien viene a cuidarme a mí, ella siempre dice guiñándome un ojo "que los chicos no se enteren de que te malcrío, Polvorón" y es que creo, que para ellas, debo ser algo así como una especie de nieto. La abuela me llena el comedero y me cambia el agua, y mientras tanto yo, traslado la cama al salón para estar cerca cuando se siente a coser, solo que vuelvo a trasladar la cama a la hora de la comida, mientras mi dueña ya ha llegado a casa y se pone a cocinar, y al atardecer, espero a mi dueño frente a la puerta de la entrada tumbado en mi camita, que más tarde vuelvo a llevar a la cocina.

Con la única que me llevo mal, y es muy, muy mal, es un aparato blanco al que llaman refrigerador, siempre que la abuela abre para coger comida, yo intento darme prisa para tomar un bocado de esa jugosa carne que mi dueño guarda allí, pero la muy condenada se cierra antes, he ladrado, bostezado, me he tumbado delante, estirado la patita, pero no hay manera de que esa cosa abra sus puertas, me pregunto que le habré hecho yo.

Pero no me entretengo más, la noche de Reyes, es una noche especial en casa de mis dueños, la verdad no entiendo el motivo por el que el salón se llena de paquetes con papeles de distintos colores que mi dueño se empeña en que no toque, y es muy extraño todo, porque los globos que me encanta pinchar, suben hasta el techo para que no pueda alcanzarlos, y todo el salón se llena de golosinas.

Ese si, es el único día en que mis dueños me terminan llevando a la cocina y cerrando la puerta, claro que, es que yo se que en alguno de esos paquetes, hay un juguete para mí, porque si, aunque no sepáis de que va esa cosa de los reyes, los paquetes tienen sorpresas para todos nosotros, que si calcetines, jerseys, bufandas, y algún hueso que otro para mí.

Pues es noche, estaba yo en la cocina, oyendo unos ruidos extraños en el salón, se quienes son, no es la primera Navidad que paso en casa, y por lo visto se trata de tres viejitos con barbas largas que traen un montón de regalos, yo me tumbo en la camita, me escondo entre las sábanas y espero a que se vayan para comenzar a arañar la puerta hasta que me abren, pero eso no suele ocurrir hasta por la mañana.

Eso si, en el momento que me abren, corro como un loco por todo el salón, mientras a lo lejos veo como la abuela sube del piso de abajo y como la puerta esta abierta se cuela rápidamente en busca de sus paquetes, la otra abuela refunfuña por la cantidad de dinero malgastado en un día tan insignificante, mis dueños se miran, como siempre enamorados, y yo corro entre sus piernas esperando que abran el mío. 

Pero esta vez, mi dueño se ríe y mi dueña me entrega un paquete muy grande, ¡¡¡sera el hueso más enorme del mundo!!!, pienso emocionado.

Rápidamente rompo todos los papeles, y allí esta, si, pero no es un hueso, es... 

otra cama

que mi ama coloca en el salón, en el lugar donde siempre me gusta estar, y la verdad, es un alivio no tener que estar moviendo la cama a todos los lugares de la casa.


Y AHORA SI, TERMINADO EL RELATO, OS DESEO A TODOS UNA FELIZ ENTRADA Y SALIDA DE AÑO.

5 comentarios:

Lourdes dijo...

¡Me encantó Tamara! Te deseo muchas felicidades en este nuevo año. Un beso enorme.

Karla Ximena dijo...

El relato es muy simpático y tierno. Que disfrutes mucho para el año nuevo y que sea un año mejor que el anterior. Un abrazo.

CHARO dijo...

Un perro muy simpático este Polvorón.Besicos

Entre palmeras... dijo...

Refrescante relato...
Felíz nuevo año, Tamara

Tamara VN dijo...

Muchas gracias chicas. Un besazo.

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